La bóveda celeste.

 

Y anoche el planeta Marte se mostraba al mundo con una insólita presencia, en miles de días no se presentaría así ante el planeta Tierra. Una gran oportunidad…

Marte, guerra, rojo, rojo. Tantas veces arañando lienzos con esa esencia, tintas rojas de pinceles chinos acariciando sedas blancas, susurrando huellas, desvelando imágenes interiores sin final.

Nubes y nubes a lo largo de la línea de horizonte. Marte oculto ¡solamente me dejasteis que viera Júpiter!  Júpiter azul lapislázuli y en su centro azul de aguas de islas italianas caprilenses ¡menudo espectáculo para mis ojos!

Júpiter tiene las cuatro estrellas más bonitas, pequeñas, que se puedan imaginar. A  partir de esta noche, si un día sueño con estrellas, desde luego, estas son especiales.

Una vuelta al despertador, las seis de la mañana, tampoco era buena hora para ver a  Marte, Júpiter si, Marte no.

Entremezclando las estaciones: Voy caminando, huelo a galán de noche en toda su expansión y de pronto mis pies se enredan con un montón de hojas marrones de otoño. Siento, percibo un momento de transición de estación apenas imperceptible, que empieza a suceder. Me conmuevo con la poesía de un transitar. Hoy ha llovido y he bailado al son de las gotas de la lluvia, completamente descalza al son de Júpiter.

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